LAMPARA HIERRO FORJADO S.XVIII DE TECHO, COLOR NEGRO CON CUATRO VELAS

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Antigua lámpara de hierro forjado del S. XVIII, en negro, con cuatro VELAS (20X5 cm) que iluminan, con varios anillos de forja con dibujos de hojas naturales, colgada de un sistema de cadenas, con posibilidad de ser colgada de un polipasto y sistema de poleas, de una gran cadena con plafón de techo que realza su majestuosidad señorial,

(ha estado colgada con un polipasto y cadena de 5ml). 

Medidas: H.90x 90 cm. de diámetro con las velas , 50 cm. diámetro en el anillo grande.

RESTAURADA, ha estado colgada del techo con polipasto y una cadena de más de 5 ml.

Antigua lámpara de hierro forjado del S. XVIII, en negro, con cuatro VELAS (20X5 cm) que iluminan, con varios anillos de forja con dibujos de hojas naturales, colgada de un sistema de cadenas, con posibilidad de ser colgar por un polipasto y sistema de poleas, de una gran cadena con plafón de techo que realza su majestuosidad señorial,

(ha estado colgada con un polipasto y cadena de 5ml). 

Medidas: H.90x 90 cm. de diámetro con las velas , 50 cm. diámetro en el anillo grande.

RESTAURADA el sistema eléctrico, ha estado colgada del techo con polipasto y una cadena de más de 5 ml.

De la época bizantina nos llega la más común, la de mecha flotante. La Iglesia primitiva y sus órdenes monásticas las usaban para estar encendidas permanentemente ante el sagrario, extendiéndose por toda Europa. Consistía en un recipiente de vidrio que se llenaba por debajo de agua, luego aceite sobre el agua y después una mecha de fibra que nadaba sobre el aceite. Desde el s. X al s. XIV estuvo reducido su empleo a las iglesias y establecimientos religiosos. El método más usado para la iluminación común era la vela. De las lámparas medievales, parecen ser una derivación las grandes lámparas del Renacimiento que aún hoy figuran en las iglesias: su enorme copa inferior no es más que el desarrollo del platillo que en la Edad Media se ponía debajo del vaso que contiene el aceite.

Las coronas luminosas empezaron a usarse en las catacumbas desde el Siglo IV y consistían al principio en aros suspendidos horizontalmente o montados en un pie esbelto, sobre los que se colocaban lucernas o velas. Se fueron complicando después y en el Siglo XI tuvieron su más grandiosa expresión en las célebres coronas de las iglesias de Hildesheim y de Reims (la de esta última, desaparecida) entre muchas otras.

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